Vitral del Éxtasis de San Agustín y
Santa Mónica


San Agustín nos cuenta en sus "Confesiones" que antes de morir su madre Santa Mónica, estando en el puerto de Ostia por regresar a Tagaste, en una conversación entre ella y él, saturada de esa espiritualidad que sólo se da entre almas embebidas del verdadero amor a Dios, tuvieron un momento de éxtasis (Confesiones 9,23-25). "...abrimos con avidez la boca del corazón al agua fresca de tu fuente, de la que hay en ti (Salmo 35,8), para que, rociados por ella según nuestra capacidad, pudiéramos en cierto modo imaginarnos una realidad tan maravillosa, ... tras elevarnos con un afecto amoroso más ardiente hacia el Ser mismo, recorrimos gradualmente todas las realidades corporales. incluyendo el cielo desde donde el sol, la luna y las estrellas mandan sus destallos sobre la tierra.

Seguimos ascendiendo aún más dentro de nuestro interior, pensando, hablando y admirando tus obras y llegamos hasta nuestras mismas almas, y seguimos nuestro avance remontándolas hasta llegar a la región de la abundancia inagotable, ... ahí donde la vida es la Sabiduría por la que todo fue hecho, las cosas presentes, las pasadas y las futuras, mientras que Ella (la Sabiduría) no es creada por nadie...Mientras hablábamos y suspirábamos por ella llegamos a tocarla un poquito con todo el ímpetu de nuestro corazón, y suspirando, dejamos allí cautivas las primicias del espíritu." Hasta aquí las palabras de San Agustín en sus "Confesiones"

El vitral viene a evocarnos esta escena de que nos habla San Agustín en sus "Confesiones". Las realidades corporales: el cielo desde donde el sol, la luna y las estrellas mandan sus destellos sobre la tierra; son evidenciados por las líneas en el vitral que circunscriben el universo, la creación, parte superior del ventanal: "La región de la abundancia inagotable, ahí donde la vida es la Sabiduría por la cual todo fue hecho"

Visto el vitral desde dentro de la Capilla, parte central, eso es evidenciado por la luz que penetra por ella y forma la cruz que evoca la Eucaristía, señalada por la ostia al centro, que es para el creyente su fuente de energía, fuerza y vida de la que brota esa agua aludida por San Agustín en el salmo: "Tú le das a beber del torrente de tus delicias, porque en Ti está la fuente viva y tu luz nos hace ver la luz..." (Salmo 35,8)

En la parte inferior del vitral las manos, a la derecha de Santa Monica y la de San Agustín a la izquierda, nos recuerdan esa escena de éxtasis: "mientras hablábamos y suspirábamos por Ella (la Sabiduría, Dios), llegaron a tocarla un poquito con todo el ímpetu de nuestro corazón, y suspirando dejamos ahí cautivadas las primicias del espíritu" (Confesiones 9,23-25)

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